sábado, 22 de agosto de 2026

¿Leyenda o realidad? Tras la pista del extraño caso del alférez de La Mussara

 

¿Leyenda o realidad? Tras la pista del extraño caso del alférez de La Mussara

 

La comunidad de la Mussara: Historias de un pueblo abandonado (Facebook).


La Mussara es uno de esos lugares en los que resulta difícil separar la historia de las historias.

Décadas después de quedar deshabitado, alrededor del antiguo pueblo han ido apareciendo relatos sobre desapariciones, extraños fenómenos, luces, nieblas y sucesos difíciles de explicar. Algunos tienen un origen relativamente fácil de rastrear. Otros, en cambio, se han repetido tantas veces que resulta complicado saber de dónde salieron.

Hace unos días nos encontramos con uno de ellos.

La historia hablaba de un alférez destinado en el cercano campamento militar de Los Castillejos que habría subido hasta La Mussara acompañado de una joven. Según el relato, ambos permanecieron allí durante unas pocas horas. Sin embargo, cuando el militar regresó al campamento descubrió que habían transcurrido muchas más.

Una supuesta pérdida de tiempo en La Mussara.

La historia era llamativa.

Quizás demasiado.

Y decidimos hacernos una pregunta muy sencilla:

¿De dónde sale realmente este relato?

Una historia repetida muchas veces

Una primera búsqueda permite encontrar rápidamente distintas versiones de la historia.

En esencia, casi todas cuentan lo mismo: un alférez destinado en Los Castillejos se desplazó hasta La Mussara acompañado de una mujer y, tras permanecer allí durante unas horas, regresó al campamento para descubrir que había estado ausente mucho más tiempo del que creía.

El problema aparecía inmediatamente.

¿Quién era aquel alférez?

¿Cuándo ocurrió?

¿De dónde procedía originalmente la historia?

En muchas de las versiones que circulan por Internet no aparecía prácticamente nada que permitiera comprobarlo.

Ni nombre.

Ni fecha concreta.

Ni documentación.

Ni una fuente original fácilmente identificable.

Y cuando una historia se repite una y otra vez sin que nadie explique de dónde procede, conviene desconfiar.

Nuestra primera impresión fue precisamente esa: quizás estábamos simplemente ante otra leyenda de Internet, copiada durante años de una página a otra hasta terminar incorporándose al imaginario misterioso de La Mussara.

Pero decidimos seguir buscando.

La historia también aparece estudiada como leyenda

El siguiente paso nos llevó hasta Transitant l'invisible, un trabajo antropológico dedicado precisamente a estudiar las leyendas contemporáneas relacionadas con La Mussara.

Y allí aparecía de nuevo el alférez.

Esto aportaba algo importante, aunque no demostraba que el episodio hubiese ocurrido.

La historia podía ser estudiada como parte del folclore contemporáneo creado alrededor de La Mussara. Es decir, independientemente de que el supuesto suceso fuese real o no, el relato existía, circulaba y había terminado formando parte del conjunto de historias asociadas al pueblo.

Pero todavía seguíamos sin saber qué podía haber detrás.

Así que continuamos tirando del hilo.

 

La famosa niebla de La Mussara. Fotografía del autor. 

 

El alférez empieza a tener nombre

La búsqueda terminó llevándonos hasta una versión mucho más detallada del relato.

En un artículo publicado por Espacio Misterio, el supuesto protagonista aparece identificado parcialmente como Lluís A. F., un alférez de complemento destinado en Los Castillejos a principios de los años ochenta.

Y aquí encontramos algo que diferenciaba esta versión de muchas de las que circulan por Internet.

El autor del artículo asegura que conoció el episodio por boca del propio protagonista.

Según el relato que atribuye a Lluís, este habría conocido a una joven italiana y ambos se desplazaron hasta La Mussara en el Seat 600 del militar. Allí habrían permanecido alrededor de tres horas, rodeados por una espesa niebla.

Cuando regresó al campamento, sin embargo, descubrió que llegaba unas doce horas tarde y habría sido arrestado.

El artículo incluso recoge unas declaraciones atribuidas directamente a Lluís, quien afirmaba estar convencido de no haber permanecido en La Mussara más de tres horas.

Esto suponía un avance respecto a las versiones anónimas que habíamos encontrado inicialmente.

Pero también debemos establecer claramente su límite.

Nosotros no hemos podido identificar de manera independiente a Lluís A. F. ni localizar documentación que confirme su testimonio. Lo que podemos acreditar es la existencia de una fuente publicada cuyo autor afirma haber hablado personalmente con el supuesto protagonista.

Es una pista considerablemente más interesante que un simple «se cuenta que...», pero continúa siendo un testimonio sin corroboración independiente.

¿Encaja la historia con Los Castillejos?

Llegados a este punto quisimos comprobar otra cosa.

La versión más detallada del relato sitúa los hechos a principios de los años ochenta y presenta a Lluís A. F. como alférez de complemento destinado en Los Castillejos.

Aquí apareció una primera duda.

El campamento de Los Castillejos había estado estrechamente relacionado durante décadas con la formación de las Milicias Universitarias, pero aquella etapa había terminado en 1972. Por tanto, no podíamos trasladar sin más a los años ochenta la imagen del gran campamento universitario de las décadas anteriores.

¿Significaba eso que la historia contenía una contradicción?

Decidimos comprobarlo.

La desaparición de aquella Milicia Universitaria no supuso el final de los oficiales de complemento. El sistema continuó mediante la Instrucción Militar para la Formación de Oficiales y Suboficiales de Complemento (IMEC), y la documentación oficial de los años ochenta confirma la existencia de alféreces de complemento durante aquella década.

Pero quedaba otra cuestión todavía más importante.

¿Seguía habiendo militares en Los Castillejos a principios de los años ochenta?

Y aquí encontramos un dato especialmente interesante.

El 12 de julio de 1983, El País publicó una noticia sobre un grave accidente ocurrido durante la extinción de un incendio forestal en las proximidades de Los Castillejos. El periódico describía entonces el lugar como el antiguo centro de instrucción de los oficiales de complemento y señalaba que en sus instalaciones permanecía un pequeño destacamento de cuarenta hombres al mando de un teniente.

Es decir, en 1983 Los Castillejos ya no desempeñaba la función que había tenido durante la época de las antiguas Milicias Universitarias, pero seguía existiendo presencia militar en el lugar.

Esto resulta importante para nuestra investigación.

La existencia de un alférez de complemento a principios de los años ochenta es históricamente posible. Y también está documentada la presencia de militares en Los Castillejos precisamente en esos años.

Por tanto, aquello que inicialmente podía parecer una posible incoherencia cronológica del relato no permite descartarlo.

Naturalmente, esto tampoco demuestra que Lluís A. F. estuviera destinado allí ni que protagonizara el extraño episodio que se le atribuye.

Simplemente significa que, al someter esa parte de la historia a comprobación, el contexto histórico resulta plausible.

 

Fotografía del antiguo campamento militar Los Castillejos. Autor desconocido.

 

¿Dónde están las pruebas?

Si realmente aquel militar regresó a Los Castillejos con doce horas de retraso y fue arrestado, cabría preguntarse si quedó algún tipo de documentación relacionada con el episodio.

¿Existió algún parte militar?

¿Algún expediente disciplinario?

¿Conocemos el nombre completo de Lluís A. F.?

¿Existe algún testimonio independiente de la joven italiana que supuestamente lo acompañaba?

¿Hay alguna referencia contemporánea a los hechos?

Por el momento, no hemos podido localizar nada de eso.

Y esta ausencia de documentación nos impide dar el salto que separa una historia interesante de un acontecimiento demostrado.

Podemos comprobar que Los Castillejos seguía contando con presencia militar en 1983.

Podemos comprobar que la figura del alférez de complemento continuaba existiendo durante aquellos años.

Podemos rastrear la existencia del relato y encontrar una fuente cuyo autor asegura haberlo recibido del supuesto protagonista.

Pero no podemos demostrar que Lluís A. F. estuviera realmente destinado en Los Castillejos, que fuese arrestado tras regresar de La Mussara ni que aquel extraño episodio temporal sucediera tal y como se cuenta.

Entonces, ¿leyenda o realidad?

Quizás esa sea precisamente la pregunta equivocada.

Cuando comenzamos a buscar información sobre esta historia, nuestra sospecha inicial era que nos encontraríamos ante un simple relato nacido en Internet y repetido posteriormente sin ningún fundamento.

La investigación, sin embargo, nos ha llevado algo más lejos.

Hemos encontrado un supuesto protagonista, una época y una fuente cuyo autor afirma haber conocido directamente su testimonio. Incluso aquello que inicialmente podía despertar dudas —la presencia de un alférez de complemento destinado en Los Castillejos a principios de los años ochenta— resulta compatible con lo que hemos podido documentar sobre el campamento y el Ejército español de aquella época.

Pero que una historia resulte posible no significa que esté demostrada.

Y ahí es donde el rastro vuelve a detenerse.

No hemos encontrado una prueba independiente que permita verificar el episodio ni, mucho menos, demostrar que en La Mussara se produjera alguna clase de inexplicable alteración del tiempo.

Por tanto, lo único razonable es dejar la historia exactamente donde las fuentes nos permiten dejarla.

No podemos afirmar que ocurrió.

Pero ahora conocemos bastante mejor de dónde procede aquello que tantas veces se ha contado.

Y quizás eso sea lo más interesante de investigar las leyendas de un lugar como La Mussara.

A veces, detrás de una historia aparentemente fantástica encontramos un acontecimiento perfectamente documentado.

Otras veces descubrimos cómo un hecho real terminó deformándose con el paso de los años.

Y otras, como en este caso, seguimos un rastro hasta que las fuentes se terminan y nos encontramos ante una puerta que, por el momento, no podemos atravesar.

A partir de ahí comienza el terreno de la leyenda.

Y cada cual puede sacar sus propias conclusiones.

Fuentes consultadas

Para esta investigación se han consultado el trabajo antropológico Transitant l'invisible, dedicado a las leyendas contemporáneas relacionadas con La Mussara; diferentes versiones publicadas del relato del alférez; el testimonio atribuido a Lluís A. F. publicado por Espacio Misterio/Año Cero; documentación oficial relativa a la formación de oficiales y suboficiales de complemento (IMEC), y la información publicada por El País el 12 de julio de 1983 sobre la presencia de un destacamento militar en Los Castillejos.


miércoles, 19 de agosto de 2026

La Mussara desde el aire: décadas de transformación


La Mussara desde el aire: décadas de transformación

 La comunidad de la Mussara: Historias de un pueblo abandonado (Facebook).

Estamos acostumbrados a contemplar La Mussara tal y como ha llegado hasta nuestros días: un conjunto de ruinas rodeadas de bosque, presididas por los restos de la iglesia de Sant Salvador y atravesadas por antiguos caminos que, en algunos casos, apenas pueden distinguirse ya entre la vegetación. Sin embargo, esta imagen que hoy nos resulta tan familiar es relativamente reciente.

Una de las mejores formas de comprobar hasta qué punto ha cambiado La Mussara durante las últimas décadas es observarla desde el aire.

Gracias a las diferentes fotografías aéreas históricas conservadas por el Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC), podemos realizar un pequeño viaje en el tiempo y contemplar la evolución del antiguo pueblo desde los años cincuenta hasta la actualidad.

Y las diferencias son considerables.

La Mussara en los años 50


La primera imagen nos muestra una Mussara todavía muy diferente de la que conocemos actualmente.

En aquellos años, aunque el proceso de despoblación se encontraba ya muy avanzado, La Mussara todavía estaba habitada. La presencia de sus últimos vecinos y el aprovechamiento del territorio continuaban dejando una huella muy visible en el paisaje.

Lo primero que llama la atención es la cantidad de terreno abierto existente alrededor del núcleo. El bosque, hoy omnipresente, ocupaba una superficie mucho menor y dejaba paso a campos, bancales, caminos y espacios despejados, testimonio de un paisaje profundamente condicionado por la actividad de sus habitantes.

También podemos apreciar con bastante claridad la estructura del pueblo. Numerosas construcciones conservan todavía sus volúmenes y cubiertas, formando un núcleo fácilmente reconocible. No todas aquellas casas tenían por qué continuar habitadas: algunas llevaban ya tiempo vacías y probablemente comenzaban a acusar los primeros efectos del abandono. Sin embargo, el estado general del conjunto distaba todavía mucho de la imagen de ruina que presenta actualmente.

Los caminos discurren entre las casas y se prolongan hacia los terrenos que las rodean. La Bassa constituye uno de los mejores puntos de referencia para orientarnos. Su posición permite reconocer la disposición del núcleo y seguir después esos mismos elementos en las fotografías posteriores.

Estamos contemplando, en definitiva, los últimos años de La Mussara como pueblo habitado y los últimos tiempos de un paisaje que durante siglos había sido modelado por la presencia humana.

La Mussara en los años 80


Unas décadas después, el cambio resulta evidente.

La distribución del antiguo pueblo continúa siendo perfectamente reconocible, pero muchas de sus construcciones han comenzado a perder aquello que desde el aire permitía identificarlas inmediatamente como casas: sus tejados.

Donde anteriormente observábamos edificios completos empiezan a aparecer estructuras abiertas, muros y perímetros que nos permiten reconocer la planta de algunas construcciones.

También comienza a apreciarse otra transformación que irá adquiriendo cada vez mayor importancia: el avance de la vegetación.

Este cambio no puede atribuirse únicamente al abandono del pueblo. La desaparición progresiva de los cultivos, la ganadería y otras actividades tradicionales permitió que la vegetación recuperara terrenos que durante generaciones se habían mantenido abiertos. Pero a este proceso natural se sumaron también las repoblaciones forestales realizadas durante las décadas posteriores, que contribuyeron a transformar todavía más el paisaje.

De hecho, entre 1961 y 1970 se documenta la repoblación forestal de unas 320 hectáreas en La Mussara, una superficie considerable que ayuda a comprender parte de la diferencia que comenzamos a observar entre las fotografías de los años cincuenta y las de las décadas posteriores.

El resultado de ambos procesos —la recuperación espontánea de la vegetación y las repoblaciones forestales— fue modificando poco a poco aquel paisaje abierto que habían conocido los últimos habitantes de La Mussara.

La Mussara todavía puede leerse desde el aire como un pueblo, pero tanto sus construcciones como el territorio que las rodea comienzan ya a mostrar una realidad completamente diferente.

La Mussara en los años 2000


Al llegar a los años 2000, la imagen vuelve a cambiar considerablemente.

Muchas de las construcciones que todavía podían distinguirse con claridad en fotografías anteriores han quedado reducidas a ruinas. En algunos casos ya no observamos propiamente una casa, sino el dibujo que sus antiguos muros dejan sobre el terreno.

La vegetación, por su parte, ha continuado avanzando. Los espacios despejados son cada vez menores y el bosque comienza a envolver completamente el antiguo núcleo.

Algunos de los viejos caminos todavía pueden seguirse, mientras que otros han perdido protagonismo o empiezan a confundirse con el terreno. Frente a ellos, la carretera moderna aparece perfectamente definida y constituye uno de los elementos que más fácilmente permiten orientarnos.

El contraste con la fotografía de los años cincuenta empieza a ser espectacular.

La Mussara en la actualidad


La última fotografía nos devuelve a la Mussara que conocemos hoy.

El bosque domina buena parte del paisaje y rodea prácticamente todo el antiguo núcleo. Las construcciones que hace décadas aparecían como edificios son ahora, en muchos casos, pequeños perímetros de piedra que solamente pueden interpretarse correctamente si sabemos qué estamos buscando.

La iglesia continúa siendo uno de los principales puntos de referencia, al igual que la Bassa, pero alrededor de ellas el aspecto del pueblo ha cambiado por completo.

Y quizás sea precisamente al comparar esta imagen con la de los años cincuenta cuando comprendamos mejor la magnitud de la transformación.

No solamente han desaparecido las casas.

Ha desaparecido también el paisaje que existía alrededor de ellas.

Los campos, los bancales, los caminos y los espacios abiertos formaban parte de La Mussara tanto como sus edificios. Eran el resultado de generaciones de personas cultivando, criando ganado, recogiendo leña, transitando por los caminos y aprovechando los recursos de la montaña.

Cuando desapareció aquella actividad, comenzó una transformación silenciosa.

Mientras las casas perdían sus tejados y sus muros se derrumbaban, la vegetación avanzaba sobre los terrenos abandonados. Mientras desaparecía el pueblo construido, el bosque recuperaba el espacio.

Las fotografías aéreas permiten contemplar ambos procesos simultáneamente.

En los años cincuenta vemos un pueblo dentro de un paisaje trabajado por el hombre.

Décadas después vemos las ruinas de aquel pueblo dentro de un paisaje dominado nuevamente por el bosque.

Quizás por eso estas imágenes tengan tanto valor. No solamente nos permiten contemplar La Mussara desde una perspectiva diferente, sino comprender que el abandono de un pueblo no termina cuando marcha su último habitante.

Continúa durante décadas.

Lentamente.

Tejado a tejado, muro a muro, camino a camino.

Hasta transformar por completo el paisaje.

 

Fuentes y documentación

Las fotografías aéreas utilizadas en esta entrada proceden del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC) y de las diferentes series históricas disponibles en su visor cartográfico.

Los datos referentes a las repoblaciones forestales proceden de la tabla «Zonas de repoblación forestal, 1940-1970», incluida en el estudio Transformación histórica del paisaje forestal en Cataluña. En ella se documentan 320 hectáreas repobladas en La Mussara durante el periodo 1961-1970, a partir de los datos de Abelló de la Torre (1988).

viernes, 17 de abril de 2020

La Mussara en los años 30 del pasado siglo.





Una foto de uno de los antiguos habitantes de La Mussara, allá por los años 30 del pasado siglo, posando junto al estanque y las casas del núcleo principal del pueblo, al fondo también podemos observar la torre del campanario de la vieja iglesia de San Salvador.

© Autor de la foto: Josep Prunera Sedó. Publicada en el libro “Records de La Mussara”, del autor: Anton Agustench Bonet.


jueves, 9 de abril de 2020

El ayuntamiento de La Mussara.




El ayuntamiento de La Mussara. En este edificio se guardaban muchos documentos de la historia del pueblo a lo largo de los siglos, documentos que hoy en día hubieran sido de gran valor para descubrir más información sobre la historia del pueblo y sus habitantes. Lamentablemente, durante la Guerra Civil Española (1.936 – 1.939), se cuenta que una madrugada un grupo de ladrones entraron en él y se llevaron gran parte de aquellos archivos que atesoraba la casa de la villa.  Una auténtica lástima no poder saber qué clase de información contenían aquellos documentos que desaparecieron para siempre.
 

lunes, 6 de abril de 2020

La Mussara a mediados del siglo pasado.




En  esta antigua foto de La Mussara, realizada a mediados del siglo pasado, se pueden observar el cementerio, la iglesia y la casa del párroco. Esa misma casa, durante algunas épocas, también era utilizada como escuela para los niños y niñas del pueblo y las masías de alrededor. Destacar que algunos de ellos tardaban más de una hora caminando hasta llegar a la escuela y después tenían otra hora y pico más de caminata hasta regresar a la masía donde vivían.  Sin duda alguna toda una gesta y un sacrificio para aquellos pequeños niños y niñas de la montaña.  


miércoles, 1 de abril de 2020

El `Xalet de les Airasses´.





Hoy os traemos el antes y el después de uno de los lugares más emblemáticos de La Mussara: `El Xalet de les Airasses´.


Era la casa situada en lo más alto del pueblo. Se construyó a mediados de la década de los años 20 del pasado siglo con la finalidad de convertirse en un refugio para los excursionistas que subían al pueblo. Desde ella se tenían (y se tienen) unas espectaculares vistas de todo el ‘Camp de Tarragona’ y el mar Mediterráneo.  En su día tuvo que ser espectacular hospedarse allí, calentándose al lado de la chimenea de leña y observando desde la ventana el espectacular paisaje, siempre y cuando las nubes y la niebla te lo permitieran. 

martes, 31 de marzo de 2020

La Rambla de Tarragona a principios del siglo XX.




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Hace unos días comentábamos lo que debía significar para los excursionistas y forasteros, de principios del pasado siglo, subir a aquel pueblecito de la cima de la montaña que permanecía anclado en el pasado. Pero la misma sensación debían experimentar los habitantes de La Mussara cuando bajaban a las poblaciones y ciudades de la falda de la montaña. Para ellos debería resultar un cambio fabuloso salir de su pequeña aldea montañera y llegar a ciudades como Reus o Tarragona. Urbes en las que ya se empezaba a contar con avances como el teléfono, la electricidad y que por sus calles circulaban ya los primeros automóviles. Para aquellos habitantes de La Mussara bajar a la ciudad era lo más parecido a viajar al futuro.