miércoles, 19 de agosto de 2026

La Mussara desde el aire: décadas de transformación


La Mussara desde el aire: décadas de transformación

 La comunidad de la Mussara: Historias de un pueblo abandonado (Facebook).

Estamos acostumbrados a contemplar La Mussara tal y como ha llegado hasta nuestros días: un conjunto de ruinas rodeadas de bosque, presididas por los restos de la iglesia de Sant Salvador y atravesadas por antiguos caminos que, en algunos casos, apenas pueden distinguirse ya entre la vegetación. Sin embargo, esta imagen que hoy nos resulta tan familiar es relativamente reciente.

Una de las mejores formas de comprobar hasta qué punto ha cambiado La Mussara durante las últimas décadas es observarla desde el aire.

Gracias a las diferentes fotografías aéreas históricas conservadas por el Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC), podemos realizar un pequeño viaje en el tiempo y contemplar la evolución del antiguo pueblo desde los años cincuenta hasta la actualidad.

Y las diferencias son considerables.

La Mussara en los años 50


La primera imagen nos muestra una Mussara todavía muy diferente de la que conocemos actualmente.

En aquellos años, aunque el proceso de despoblación se encontraba ya muy avanzado, La Mussara todavía estaba habitada. La presencia de sus últimos vecinos y el aprovechamiento del territorio continuaban dejando una huella muy visible en el paisaje.

Lo primero que llama la atención es la cantidad de terreno abierto existente alrededor del núcleo. El bosque, hoy omnipresente, ocupaba una superficie mucho menor y dejaba paso a campos, bancales, caminos y espacios despejados, testimonio de un paisaje profundamente condicionado por la actividad de sus habitantes.

También podemos apreciar con bastante claridad la estructura del pueblo. Numerosas construcciones conservan todavía sus volúmenes y cubiertas, formando un núcleo fácilmente reconocible. No todas aquellas casas tenían por qué continuar habitadas: algunas llevaban ya tiempo vacías y probablemente comenzaban a acusar los primeros efectos del abandono. Sin embargo, el estado general del conjunto distaba todavía mucho de la imagen de ruina que presenta actualmente.

Los caminos discurren entre las casas y se prolongan hacia los terrenos que las rodean. La Bassa constituye uno de los mejores puntos de referencia para orientarnos. Su posición permite reconocer la disposición del núcleo y seguir después esos mismos elementos en las fotografías posteriores.

Estamos contemplando, en definitiva, los últimos años de La Mussara como pueblo habitado y los últimos tiempos de un paisaje que durante siglos había sido modelado por la presencia humana.

La Mussara en los años 80


Unas décadas después, el cambio resulta evidente.

La distribución del antiguo pueblo continúa siendo perfectamente reconocible, pero muchas de sus construcciones han comenzado a perder aquello que desde el aire permitía identificarlas inmediatamente como casas: sus tejados.

Donde anteriormente observábamos edificios completos empiezan a aparecer estructuras abiertas, muros y perímetros que nos permiten reconocer la planta de algunas construcciones.

También comienza a apreciarse otra transformación que irá adquiriendo cada vez mayor importancia: el avance de la vegetación.

Este cambio no puede atribuirse únicamente al abandono del pueblo. La desaparición progresiva de los cultivos, la ganadería y otras actividades tradicionales permitió que la vegetación recuperara terrenos que durante generaciones se habían mantenido abiertos. Pero a este proceso natural se sumaron también las repoblaciones forestales realizadas durante las décadas posteriores, que contribuyeron a transformar todavía más el paisaje.

De hecho, entre 1961 y 1970 se documenta la repoblación forestal de unas 320 hectáreas en La Mussara, una superficie considerable que ayuda a comprender parte de la diferencia que comenzamos a observar entre las fotografías de los años cincuenta y las de las décadas posteriores.

El resultado de ambos procesos —la recuperación espontánea de la vegetación y las repoblaciones forestales— fue modificando poco a poco aquel paisaje abierto que habían conocido los últimos habitantes de La Mussara.

La Mussara todavía puede leerse desde el aire como un pueblo, pero tanto sus construcciones como el territorio que las rodea comienzan ya a mostrar una realidad completamente diferente.

La Mussara en los años 2000


Al llegar a los años 2000, la imagen vuelve a cambiar considerablemente.

Muchas de las construcciones que todavía podían distinguirse con claridad en fotografías anteriores han quedado reducidas a ruinas. En algunos casos ya no observamos propiamente una casa, sino el dibujo que sus antiguos muros dejan sobre el terreno.

La vegetación, por su parte, ha continuado avanzando. Los espacios despejados son cada vez menores y el bosque comienza a envolver completamente el antiguo núcleo.

Algunos de los viejos caminos todavía pueden seguirse, mientras que otros han perdido protagonismo o empiezan a confundirse con el terreno. Frente a ellos, la carretera moderna aparece perfectamente definida y constituye uno de los elementos que más fácilmente permiten orientarnos.

El contraste con la fotografía de los años cincuenta empieza a ser espectacular.

La Mussara en la actualidad


La última fotografía nos devuelve a la Mussara que conocemos hoy.

El bosque domina buena parte del paisaje y rodea prácticamente todo el antiguo núcleo. Las construcciones que hace décadas aparecían como edificios son ahora, en muchos casos, pequeños perímetros de piedra que solamente pueden interpretarse correctamente si sabemos qué estamos buscando.

La iglesia continúa siendo uno de los principales puntos de referencia, al igual que la Bassa, pero alrededor de ellas el aspecto del pueblo ha cambiado por completo.

Y quizás sea precisamente al comparar esta imagen con la de los años cincuenta cuando comprendamos mejor la magnitud de la transformación.

No solamente han desaparecido las casas.

Ha desaparecido también el paisaje que existía alrededor de ellas.

Los campos, los bancales, los caminos y los espacios abiertos formaban parte de La Mussara tanto como sus edificios. Eran el resultado de generaciones de personas cultivando, criando ganado, recogiendo leña, transitando por los caminos y aprovechando los recursos de la montaña.

Cuando desapareció aquella actividad, comenzó una transformación silenciosa.

Mientras las casas perdían sus tejados y sus muros se derrumbaban, la vegetación avanzaba sobre los terrenos abandonados. Mientras desaparecía el pueblo construido, el bosque recuperaba el espacio.

Las fotografías aéreas permiten contemplar ambos procesos simultáneamente.

En los años cincuenta vemos un pueblo dentro de un paisaje trabajado por el hombre.

Décadas después vemos las ruinas de aquel pueblo dentro de un paisaje dominado nuevamente por el bosque.

Quizás por eso estas imágenes tengan tanto valor. No solamente nos permiten contemplar La Mussara desde una perspectiva diferente, sino comprender que el abandono de un pueblo no termina cuando marcha su último habitante.

Continúa durante décadas.

Lentamente.

Tejado a tejado, muro a muro, camino a camino.

Hasta transformar por completo el paisaje.

 

Fuentes y documentación

Las fotografías aéreas utilizadas en esta entrada proceden del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC) y de las diferentes series históricas disponibles en su visor cartográfico.

Los datos referentes a las repoblaciones forestales proceden de la tabla «Zonas de repoblación forestal, 1940-1970», incluida en el estudio Transformación histórica del paisaje forestal en Cataluña. En ella se documentan 320 hectáreas repobladas en La Mussara durante el periodo 1961-1970, a partir de los datos de Abelló de la Torre (1988).

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