Recuerdos
para una cuarentena.
Pasear por el bosque que rodea al viejo pueblo de La Mussara cuando cae
la niebla es sencillamente espectacular. Su aspecto misterioso hace que
te sumerjas en otro mundo, un mundo de fantásticas leyendas.
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jueves, 26 de marzo de 2020
sábado, 22 de diciembre de 2018
La Mussara un pueblo maldito: La maldición de la niebla (Parte II).
La niebla de la Mussara, los antiguos habitantes de la
Mussara estaban más que acostumbrados a convivir con este fenómeno
meteorológico. Un fenómeno que, de la nada, hacía aparición en cualquier día
claro y soleado. Pero, a las personas no acostumbradas a la repentina niebla de
la Mussara les puede sorprender como un día claro y soleado se convierte en un
día gris y oscuro.
Muchos son los
relatos y testimonios que narran que la niebla de la Mussara tiene algo entre
mágico y siniestro. Investigando un poco por internet no es difícil encontrar
algunos de estos relatos o testimonios.
Narraciones fascinantes que atribuyen a la niebla un halo de
misterio paranormal. No son pocas las
personas que afirman haber experimentado extraños y misteriosos sucesos durante
la aparición de la niebla que envuelve a la Mussara. Hay quien afirma haber
escuchado extraños sonidos provenientes de las entrañas de la niebla. Desde
extraños gruñidos a desgarradores gritos de personas, pasando por todo tipo de
lamentos. Otras personas afirman haber
visto pasear a través de la niebla extrañas figuras fantasmagóricas, siluetas que
parecían desplazarse flotando por la densa niebla. A la visión de dichas
figuras fantasmagóricas se suman las visiones de extrañas esferas luminosas que
atraviesan a toda velocidad las ruinas del viejo pueblo abandonado.
Personas que afirman que mientras paseaban por entre la niebla, de repente, empezaban a sentir un enorme sentimiento de tristeza y ansiedad, y la imperiosa necesidad de salir de allí inmediatamente. Otros dicen haber experimentado la sensación como si por unas horas se hubieran trasladado a otro lugar, como si todo lo que les rodeaba: el estanque, la iglesia, las ruinas de las antiguas casas… hubieran cambiado de orden y estructura, como si se hubieran transportado a una Mussara de otra dimensión. Precisamente, muchos son los testimonios que narran que es como si la niebla transformará el espacio-tiempo de la Mussara.
Personas que afirman que mientras paseaban por entre la niebla, de repente, empezaban a sentir un enorme sentimiento de tristeza y ansiedad, y la imperiosa necesidad de salir de allí inmediatamente. Otros dicen haber experimentado la sensación como si por unas horas se hubieran trasladado a otro lugar, como si todo lo que les rodeaba: el estanque, la iglesia, las ruinas de las antiguas casas… hubieran cambiado de orden y estructura, como si se hubieran transportado a una Mussara de otra dimensión. Precisamente, muchos son los testimonios que narran que es como si la niebla transformará el espacio-tiempo de la Mussara.
Una niebla que los
soldados del antiguo campamento militar de Los Castillejos, situado a pocos
quilómetros del núcleo del pueblo, conocían como ‘La Josefina’. Ya que era
famosa por sus repentinas apariciones durante los días de verano.
Y, justamente, haciendo memoria sobre la niebla, sus
extrañas modificaciones del espacio-tiempo y el antiguo campamento militar de
los Castillejos, recuerdo que hace años, a finales de los 90, leí en alguna de
esas revistas que tratan sobre la parapsicología el testimonio de un señor que
había estado realizando las milicias universitarias en el antiguo campamento
militar.
A los Castillejos, durante los veranos de mediados de la
década de los 50 hasta mediados de la década de los 70 del pasado siglo,
acudían universitarios para cumplir con sus obligaciones militares. Algunos de
ellos, los pocos más afortunados y pudientes, llegaban al campamento con su
propio coche.
El testimonio de este
antiguo militar universitario relataba que uno de esos veranos, a finales de
los 60, durante uno de esos días que no tenía ninguna obligación en el
campamento hasta por la tarde, decidió recorrer los pocos kilómetros que
separaban el campamento del pueblo para visitarlo. Aquél antiguo cadete del
campamento de Los Castillejos recordaba que, cuando salió del campamento, era
una soleada mañana de verano. En pocos minutos recorrió los escasos kilómetros
de camino y aparcó su coche justo delante de la vieja, y ya abandonada, iglesia
del pueblo. Se bajó de su vehículo y procedió a dar un paseo por las
inmediaciones del pueblo, un paseo que tenía planeado que no se alargara más de
un par de horas como mucho.
Inició el recorrido por el núcleo de casas que rodean el
estanque de la Mussara y después enfiló sus pasos hacia ‘el Xalet de les Airasses’,
la parte más alta del pueblo y la que ofrece las mejores vistas de todo el ‘Camp
de Tarragona’. Estando allí arriba pudo observar como la vieja ‘Josefina’ había
decidido hacer acto de presencia y se aproximaba desde el interior de las
montañas hacia el pueblo. El hombre, antes de marcharse y regresar al
campamento, se dispuso a bajar hasta el otro núcleo de casas que tiene el
pueblo y que está un poco más alejado del estanque y la iglesia.
Caminando entre esas casas la niebla cayó definitivamente
sobre él y el pueblo. Una niebla, que los que la conocéis ya sabéis que, en
ocasiones, puede ser realmente espesa y no deja ni dos metros de visibilidad.
Fue en ese momento, caminando entre la espesa niebla que
daba una imagen totalmente fantasmagórica de lo poco que alcanzaba a ver su
campo de visión, cuando el improvisado excursionista comenzó a sentirse
extraño. Empezó a notar una sensación de como si alguien le observara y a
escuchar extraños sonidos que no tenían nada que ver con los que se escuchaban,
hasta hacía unos instantes, cuando aún la niebla no había hecho acto de
presencia. En ese instante se dio cuenta que se sentía un poco desorientado, no
tenía muy claro como recorrer los pocos centenares de metros que separaban su
localización de la del coche que había
dejado aparcado delante de la iglesia. Era como si le hubieran cambiado las
cosas de sitio, como si por momentos se hubiera transportado a un lugar totalmente
diferente al sitio en el que se encontraba hace unos minutos. Es señor, militar
acostumbrado a realizar maniobras nocturnas de orientación en esas mismas
montañas, atribuyó su desorientación a la poca visibilidad que le ofrecía la
niebla y, como pudo, consiguió volver a orientarse y caminar hasta llegar de
nuevo a su coche. Se subió, arrancó el
vehículo y, poco a poco, ya que la ‘Josefina’ era intensa y no dejaba ver
apenas la carretera, se dirigió de nuevo hasta el campamento.
Su sorpresa fue
mayúscula cuando al llegar al campamento, el tiempo transcurrido que él pensaba
que habían sido algo menos de un par de horas, se había convertido en un
espacio de tiempo de más de ocho horas.
Ocho horas que no sabía cómo justificar, ya que él estaba totalmente convencido
de que sólo habían pasado un par de horas.
Y es que, este es
otro de los famosos misterios y leyendas de la Mussara: la supuesta puerta a
otras dimensiones que dicen que hay situada en las inmediaciones del antiguo
pueblo abandonado. Pero eso… ya es otra historia. ;)
martes, 4 de diciembre de 2018
La leyenda del misterioso hombre de la aliaga encendida.
Ya hace muchas décadas que en el viejo pueblo
de la Mussara, sus habitantes, no se reúnen al lado del pequeño estanque para
contar sus anécdotas, vivencias, recuerdos… Pero hace muchos años, cuando el
pequeño pueblo hoy abandonado estaba lleno de vida, las personas más ancianas
se encargaban de transmitir, de forma oral, a las personas más jóvenes las
leyendas del pasado de la aldea.
Es así como, con ciertas dificultades por la
despoblación del municipio, llegó hasta nuestros días una leyenda que muestra
uno de los acontecimientos más extraños sucedidos en la Mussara. Uno de esos
sucesos de los que sí quedaron registro, ya sea de forma oral, por sus propios
habitantes.
Dicha leyenda narra que hace ya más de un
siglo, incluso dos, cuando los lobos todavía rondaban por las montañas de la
Mussara, una gélida mañana de invierno la hija mayor de ‘Ca l’Agostenc’, como
cada día, sacaba a pastar a las ovejas y corderos del rebaño de la familia. Para buscar buen pasto de hierba la chica
tenía que alejarse un poco del pueblo, adentrarse por el bosque y pasar unas
horas sola hasta que las ovejas se hubieran alimentado, momento en el que volvía
a dirigir el rebaño hasta el pueblo para encerrarlo en el corral de su casa.
Todo este trabajo era realizado sin ningún perro
pastor que ayudara a la chica en el cometido de su misión. Aquella mañana la
joven decidió dirigirse hacia el ‘Coll de les Pinedes’ (situado al lado de la
carretera que lleva hacia el, también abandonado, campamento de Los Castillejos).
La chica, abrigada con las prendas de abrigo y harapos que le servían para
resguardarse de aquel frío matinal de invierno, caminaba lentamente junto a su
rebaño cuando, de repente, un escalofrió le recorrió todo el cuerpo.
En un movimiento fugaz y milimétricamente estudiado,
de detrás de un arbusto salió un lobo que se lanzó al ataque
de un joven cordero. La chica, más bien movida por su inconsciencia que por su
valentía, hizo ademán de ir a proteger al cordero y con aspavientos intentó
hacer huir al lobo, pero el feroz animal, en vez de huir, dirigió su ataque
hacia la joven. Con un rápido salto se abalanzó sobre la muchacha y le propinó un
primer mordisco en su hombro que la hizo derrumbarse de dolor sobre el suelo. La
chica tirada en el frío suelo del bosque, agazapada e inmovilizada por el miedo,
se había resignado ya al trágico final que le deparaba el destino y cerró los
ojos para esperar la mortal dentellada del lobo.
Pero de pronto, en vez de
notar otra dolorosa mordedura en su cuerpo, escuchó como a unos metros de ella alguien
emitió una serie de ruidos y gritos. En esta ocasión el lobo, en vez de volver
a atacar, dejó a su presa y salió huyendo. La chica al abrir los ojos observó a
un viejecito con una antorcha, fabricada de aliaga, encendida. El anciano se
acercó a ella y la ayudó a incorporarse, acto seguido de su morral sacó un frasquito
con un aceito y le indicó a la muchacha que se lo untara en la herida que le había
provocado el lobo. Antes de que la chica tuviera tiempo de incorporarse y dar
las gracias a su salvador vio como el viejecito emprendía su camino y se perdía
por el bosque en dirección al ‘Mas dels Frares’. La chica hizo el intento de
llamarle para que se detuviera pero, fue en vano, el viejecito desapareció
entre los árboles.
La joven pastorcilla allí mismo se hizo la
primera cura con el aceite que el viejecito le había dado, como pudo reunió al asustado rebaño de ovejas (que permanecían
esparcidas por los alrededores con el susto del ataque) y renqueante y dolorida
emprendió el camino de regreso al pueblo. A su llegada, poco a poco, todos los
vecinos se fueron enterando de lo acontecido a la pubilla de ‘Ca l’Agostenc’ en
el bosque cercano al pueblo. La familia de la chica y los mismos vecinos del la
Mussara estuvieron tratando de averiguar quién había sido aquel desconocido anciano
que había salvado la vida de la chica. Durante semanas estuvieron preguntando
por las masías de los alrededores, incluso preguntaron en los pueblos de la Febró, l’Albiol, l’Arboli
Vilpalana y Montral, pero nadie supo dar razón de quién pudiera ser aquel
viejecito. Con el paso de las semanas, y la ayuda de aquel misterioso aceite
del anciano, la herida de la muchacha fue mejorando y a principios de la
primavera la pastorcilla ya estaba lista para volver a salir con el rebaño.
Del viejecito nunca más se supo, ¿Quién sería
aquél hombre que se enfrentó a un lobo para salvar a una joven, y ni tan
siquiera quiso acompañarla a su casa para que sus familiares se lo agradecieran
o, incluso, se lo recompensaran? Con el paso del tiempo algunos habitantes del
pueblo empezaron a pensar que lo que se produzco aquel día, en aquel bosquecito
de la Mussara, fue un auténtico milagro y el mismísimo Dios fue el que hizo aparición
para salvar a la chica. Sea como fuere esa historia se convirtió en un suceso
misterioso del pasado del pueblo. Un suceso que con el paso de los años pasó a
ser una leyenda que fue transmitida, oralmente, de generación en generación entre
los habitantes de la Mussara, y que ahora, que ya no queda nadie allí arriba
que la pueda contar, somos los enamorados de aquel maravilloso pueblecito los
encargados de transmitirla a las futuras generaciones para que no caiga en el
olvido.
martes, 10 de marzo de 2015
La Mussara un pueblo maldito: La maldición de la niebla (Parte I).
Hay una leyenda, entre las muchas que existen, que narra algo
misterioso y fascinante. La leyenda dice que en la Mussara, cuando cae la densa
niebla, se empiezan a ver, escuchar y notar toda clase de fenómenos y
sensaciones extrañas. Es frecuente que un día claro, totalmente primaveral o
veraniego, se transforme en un día oscuro y de frío invernal. La niebla lo
envuelve todo, las personas pierden el sentido de la orientación, los aparatos
electrónicos dejan de funcionar sin ningún tipo de lógica y a algunos
individuos les empieza a invadir una extraña sensación de miedo y desasosiego...
Experiencias que han experimentado conocidos míos en primera persona estando yo
presente. Pero esta fenomenología, con o sin explicación lógica, se merece ser
tratada más detalladamente en otro artículo, ya que hoy quiero hablaros de cómo la niebla dio un
halo de maldición y misterio a la Mussara y de cómo me empecé a interesar por ello.
Si me remonto a mi niñez y hago un ejercicio de memoria, mis
primeros recuerdos de la Mussara están ligados a sucesos extraños y
misteriosos. En concreto, el primer recuerdo es el de una extraña desaparición
ocurrida en el año 1.991. He leído mucho sobre extrañas desapariciones en la
Mussara pero, la verdad, en casi todos estos raros acontecimientos las
informaciones no tienen una fuente de referencia que sea creíble. No existen ni nombres, ni
lugares, ni fechas, ni documentos oficiales que los certifiquen. Pero la
extraña desaparición a los que están ligados mis primeros recuerdos es un caso
diferente. En primer lugar porque hay muchos documentos, tanto de las fuerzas
de seguridad como de la prensa, donde quedó reflejado, en su día, el triste
suceso. Y en segundo lugar, porque el
desaparecido era de la zona donde yo vivía y recuerdo perfectamente como en
aquellos meses, algunos conocidos míos, comentaban la extraña desaparición. Durante
algún tiempo se formaron batidas de búsqueda que subían al viejo pueblo
abandonado para tratar de encontrar alguna pista, y se especuló, bastante, sobre lo qué había ocurrido aquel
fatídico día en el que se produjo la misteriosa desaparición. Éstas son cosas que
dejan gran impresión en un niño pequeño.
Mi segundo recuerdo de la Mussara se remonta a unos años
después de la anterior remembranza, específicamente a finales de los años 90 del
pasado siglo. Recuerdo que en aquel tiempo empezaron a funcionar las
televisiones locales de Tarragona y de Reus. En estos canales, durante algunos
meses, se estuvieron emitiendo la reposición de un programa donde hablaban de
los extraños fenómenos paranormales que ocurrían en la Mussara. Especialmente me dejaron huella tres casos
donde se mencionaban la existencia de puertas dimensionales, avistamientos de
OVNIS y la presencia de pequeños duendes.
El tercer recuerdo se remonta también a finales de los 90.
Aquella fue la primera vez que estuve presente por la zona de la Mussara, aunque creo no haber
estado en el núcleo del pueblo. Fue precisamente un domingo en el que la niebla
hizo acto de presencia por las montañas. Aquel día, mis padres y yo, fuimos de
excursión por los pueblecitos de la Sierra de Prades junto a unos amigos de mis padres, y me
acuerdo perfectamente como estos amigos comentaban las extrañas historias que existían
sobre la zona. Principalmente, recuerdo que una de las que más me impresionó hablaba
de la existencia de una secta satánica que frecuentaba la zona para realizar extraños
ritos.
Por lo tanto mis primeros recuerdos sobre este fascinante
pueblo abandonado de la montaña están ligados, como en la mayoría de personas,
a historias misteriosas y leyendas fantásticas. No fue hasta los
dieciocho/veinte años cuando empezaron mis incursiones en la Mussara. Al
principio, iba intrigado por todas las misteriosas historias que conocía y
había escuchado desde niño. La primera vez que subí, y estuve en el pueblo, iba
con algo de nerviosismo y temor por todas las leyendas que conocía, pero una
vez allí, cuando contemplé aquel maravilloso paisaje de ruinas y naturaleza,
empecé a alejarme de los aspectos paranormales del lugar y comencé a sentirme
atraído a indagar más sobre la historia real del pueblo. A todo ésto también
contribuyó, en gran manera, una leyenda que me contaron una de aquellas
primeras veces que ascendí a la Mussara. Una de esas leyendas que van pasando
de persona en persona a lo largo del tiempo y que, aunque está basada en un
hecho real que años después descubrí, el paso de los años y la aportación
imaginaria de cada persona que la va contando hace que lo surgido como una
historia verídica vaya degenerando a una cuento totalmente fantasioso y
aterrador.
La leyenda que a mí me contaron narraba que “durante una
guerra que tuvo lugar en el siglo XIX, un soldado de uno de los bandos fue
capturado en las cercanías de la Mussara por soldados del otro bando. El infortunado prisionero fue trasladado al
pueblo más próximo, que no era otro que el de la Mussara. Allí, en la pequeña
aldea de lo alto de las montañas, los captores decidieron ejecutar al rehén. El
condenado a muerte, maniatado, fue situado en frente de la tapia del viejo
cementerio mientras los ejecutores preparaban sus armas para formar el pelotón
de fusilamiento. Pero ya se sabe que en la Mussara el tiempo es muy caprichoso
y un día que es totalmente soleado en cuestión de minutos, y por los antojos de
la climatología, se puede volver oscuro y con una densa niebla. Y eso fue lo
que sucedió, mientras los soldados estaban realizando los preparativos de la
ejecución la densa niebla cayó, sin aviso alguno, sobre la pequeña villa de las
montañas. La leyenda cuenta que, cuando los soldados se disponían a tomar la posición de disparo fusil en mano,
una mujer anciana, que en el pueblo se rumoreaba que practicaba la brujería,
sin ver por culpa de la niebla que allí había un prisionero y un pelotón de
ejecución, se cruzó entre ambos con tan mala fortuna que lo hizo justo en el
momento en el que el pelotón de ejecución disparaba al ‘bulto’ a través de la
niebla. La mortal descarga de disparos se escuchó de una forma atronadora por
todo el pueblo y cayó sobre el
prisionero y la anciana, que mientras agonizaba echó una maldición a los
soldados y a la niebla. Desde entonces, explica la leyenda, cuando cae la
niebla sobre la Mussara, debido a la maldición de aquella anciana que
practicaba la brujería, ocurren toda clase de sucesos paranormales y se pueden
ver y escuchar cosas extrañas.”
Cuando llegó a mis oídos esta historia quedé totalmente
fascinado por los acontecimientos que narraba. En ese momento decidí empezar a indagar más sobre los sucesos de
dicha leyenda. Por suerte, a lo largo de los años, ha habido gente que ha hecho
una gran labor y ha dedicado un gran esfuerzo para dejar constancia de la
historia real del pueblo, y así fue como pude asociar esta leyenda, degenerada
a un acontecimiento totalmente fantástico, a un suceso real acontecido durante la Tercera
Guerra Carlista. Un suceso en el que sí hubo un ‘extraño’ pelotón de fusilamiento
formado por soldados del bando liberal. Un suceso en el que el soldado
capturado no existió como tal, ni era un simple soldado ni fue capturado por
los enemigos. Se trataba, ni más ni menos, del carismático cabecilla Carlista
el Coronel Isidre Pàmies i Borràs, alias El Cercós. Y un suceso en el que la anciana practicante
de brujería y ejecutada por accidente, que hizo caer sobre la Mussara y su niebla
una maldición, ni era bruja ni estaba viva. Se trataba de una pobre mujer de
avanzada edad que llevaba ya algún
tiempo fallecida y enterrada en el cementerio de la población. Esta historia,
una de las tantas leyendas que a lo largo del tiempo ha dado fama de maldita a
la población de la Mussara y a su niebla, está basada en los sucesos de, por
llamarlo de alguna manera, la ‘última aventura’ del coronel Cercòs, uno de los
guerrilleros carlistas más famosos de las montañas y posiblemente de la
provincia de Tarragona. Pero eso ya es otra historia.
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