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viernes, 27 de marzo de 2020

El ocaso de de La Mussara.





La Mussara en los años 50 del pasado siglo. En esta fotografía el viejo pueblo ya había iniciado si viaje hacia la destrucción y el olvido. El cementerio, la iglesia, la abadia, el ayuntamiento y muchas cosas aún permanecían en pie, pero por sus calles cada vez se veían menos señales de vida. Todavía, en aquella época, quedaban algunos habitantes que se resistían a abandonar el pueblo donde habían nacido, crecido y vivido. Pero poco a poco e inevitablemente tuvieron que partir y dejar al viejo pueblo de La Mussara abandonado en la cima de la montaña. 

© Autor de la foto: Pere Català i Roca. Publicada en el libro “La Mussara, un vell afecte”, del autor: Ramon Amigó Anglès.

jueves, 26 de marzo de 2020

Caminando entre la niebla de La Mussara.





Recuerdos para una cuarentena. Pasear por el bosque que rodea al viejo pueblo de La Mussara cuando cae la niebla es sencillamente espectacular. Su aspecto misterioso hace que te sumerjas en otro mundo, un mundo de fantásticas leyendas.

lunes, 27 de mayo de 2019

Vestigios y rastros de la Guerra Civil Española en las montañas catalanas...



El GENIAL Antonio Machado escribió estas palabras: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las DOS Españas ha de helarte el corazón”.

https://youtu.be/KdOoCPThghE



 
Por el otro lado, un grupo de combatientes conocido como ‘EL TERCIO DE MONTSERRAT’.  Voluntarios catalanes, horrorizados por las noticias de la represión republicana, que hacían todo lo posible, demostrando su catalanidad, para llegar a Catalunya y poner a salvo a sus familiares y seres queridos…

Uno de mis MAESTROS historiadores siempre me dijo que tuviera presente lo siguiente: En la VIDA, como en la HISTORIA, nunca hay  BLANCO  o NEGRO, siempre hay que ANALIZAR la ESCALA DE GRISES.  Un historiador (DE LOS DE VERDAD, SIN DINERO DE POR MEDIO) nunca decidirá si la HISTORIA es BLANCA o NEGRA. Un historiador, AUTÉNTICO, siempre explicará que: “HAY UNA GRAN ESCALA DE GRISES ENTORNO A LA HISTORIA”.  

https://youtu.be/KdOoCPThghE

sábado, 22 de diciembre de 2018

La Mussara un pueblo maldito: La maldición de la niebla (Parte II).



La niebla de la Mussara, los antiguos habitantes de la Mussara estaban más que acostumbrados a convivir con este fenómeno meteorológico. Un fenómeno que, de la nada, hacía aparición en cualquier día claro y soleado. Pero, a las personas no acostumbradas a la repentina niebla de la Mussara les puede sorprender como un día claro y soleado se convierte en un día gris y oscuro.

Muchos son los relatos y testimonios que narran que la niebla de la Mussara tiene algo entre mágico y siniestro. Investigando un poco por internet no es difícil encontrar algunos de estos relatos o testimonios.

Narraciones fascinantes que atribuyen a la niebla un halo de misterio paranormal.  No son pocas las personas que afirman haber experimentado extraños y misteriosos sucesos durante la aparición de la niebla que envuelve a la Mussara. Hay quien afirma haber escuchado extraños sonidos provenientes de las entrañas de la niebla. Desde extraños gruñidos a desgarradores gritos de personas, pasando por todo tipo de lamentos.  Otras personas afirman haber visto pasear a través de la niebla extrañas figuras fantasmagóricas, siluetas que parecían desplazarse flotando por la densa niebla. A la visión de dichas figuras fantasmagóricas se suman las visiones de extrañas esferas luminosas que atraviesan a toda velocidad las ruinas del viejo pueblo abandonado. 


Personas que afirman que mientras paseaban por entre la niebla, de repente, empezaban a sentir un enorme sentimiento de tristeza y ansiedad, y la imperiosa necesidad de salir de allí inmediatamente.  Otros dicen haber experimentado la sensación como si por unas horas se hubieran trasladado a otro lugar, como si todo lo que les rodeaba: el estanque, la iglesia, las ruinas de las antiguas casas… hubieran cambiado de orden y estructura, como si se hubieran transportado a una Mussara de otra dimensión. Precisamente,  muchos son los testimonios que narran que es como si la niebla transformará el espacio-tiempo de la Mussara.

Una niebla que los soldados del antiguo campamento militar de Los Castillejos, situado a pocos quilómetros del núcleo del pueblo, conocían como ‘La Josefina’. Ya que era famosa por sus repentinas apariciones durante los días de verano.
Y, justamente, haciendo memoria sobre la niebla, sus extrañas modificaciones del espacio-tiempo y el antiguo campamento militar de los Castillejos, recuerdo que hace años, a finales de los 90, leí en alguna de esas revistas que tratan sobre la parapsicología el testimonio de un señor que había estado realizando las milicias universitarias en el antiguo campamento militar. 

A los Castillejos, durante los veranos de mediados de la década de los 50 hasta mediados de la década de los 70 del pasado siglo, acudían universitarios para cumplir con sus obligaciones militares. Algunos de ellos, los pocos más afortunados y pudientes, llegaban al campamento con su propio coche.

El testimonio de este antiguo militar universitario relataba que uno de esos veranos, a finales de los 60, durante uno de esos días que no tenía ninguna obligación en el campamento hasta por la tarde, decidió recorrer los pocos kilómetros que separaban el campamento del pueblo para visitarlo. Aquél antiguo cadete del campamento de Los Castillejos recordaba que, cuando salió del campamento, era una soleada mañana de verano. En pocos minutos recorrió los escasos kilómetros de camino y aparcó su coche justo delante de la vieja, y ya abandonada, iglesia del pueblo. Se bajó de su vehículo y procedió a dar un paseo por las inmediaciones del pueblo, un paseo que tenía planeado que no se alargara más de un par de horas como mucho.

Inició el recorrido por el núcleo de casas que rodean el estanque de la Mussara y después enfiló sus pasos hacia ‘el Xalet de les Airasses’, la parte más alta del pueblo y la que ofrece las mejores vistas de todo el ‘Camp de Tarragona’. Estando allí arriba pudo observar como la vieja ‘Josefina’ había decidido hacer acto de presencia y se aproximaba desde el interior de las montañas hacia el pueblo. El hombre, antes de marcharse y regresar al campamento, se dispuso a bajar hasta el otro núcleo de casas que tiene el pueblo y que está un poco más alejado del estanque y la iglesia. 

Caminando entre esas casas la niebla cayó definitivamente sobre él y el pueblo. Una niebla, que los que la conocéis ya sabéis que, en ocasiones, puede ser realmente espesa y no deja ni dos metros de visibilidad. 

Fue en ese momento, caminando entre la espesa niebla que daba una imagen totalmente fantasmagórica de lo poco que alcanzaba a ver su campo de visión, cuando el improvisado excursionista comenzó a sentirse extraño. Empezó a notar una sensación de como si alguien le observara y a escuchar extraños sonidos que no tenían nada que ver con los que se escuchaban, hasta hacía unos instantes, cuando aún la niebla no había hecho acto de presencia. En ese instante se dio cuenta que se sentía un poco desorientado, no tenía muy claro como recorrer los pocos centenares de metros que separaban su localización de la del  coche que había dejado aparcado delante de la iglesia. Era como si le hubieran cambiado las cosas de sitio, como si por momentos se hubiera transportado a un lugar totalmente diferente al sitio en el que se encontraba hace unos minutos. Es señor, militar acostumbrado a realizar maniobras nocturnas de orientación en esas mismas montañas, atribuyó su desorientación a la poca visibilidad que le ofrecía la niebla y, como pudo, consiguió volver a orientarse y caminar hasta llegar de nuevo a su coche. Se subió, arrancó  el vehículo y, poco a poco, ya que la ‘Josefina’ era intensa y no dejaba ver apenas la carretera, se dirigió de nuevo hasta el campamento. 

Su sorpresa fue mayúscula cuando al llegar al campamento, el tiempo transcurrido que él pensaba que habían sido algo menos de un par de horas, se había convertido en un espacio de tiempo de  más de ocho horas. Ocho horas que no sabía cómo justificar, ya que él estaba totalmente convencido de que sólo habían pasado un par de horas.
Y es que,  este es otro de los famosos misterios y leyendas de la Mussara: la supuesta puerta a otras dimensiones que dicen que hay situada en las inmediaciones del antiguo pueblo abandonado. Pero eso… ya es otra historia. ;)

martes, 10 de marzo de 2015

La Mussara un pueblo maldito: La maldición de la niebla (Parte I).






Hay una leyenda, entre las muchas que existen, que narra algo misterioso y fascinante. La leyenda dice que en la Mussara, cuando cae la densa niebla, se empiezan a ver, escuchar y notar toda clase de fenómenos y sensaciones extrañas. Es frecuente que un día claro, totalmente primaveral o veraniego, se transforme en un día oscuro y de frío invernal. La niebla lo envuelve todo, las personas pierden el sentido de la orientación, los aparatos electrónicos dejan de funcionar sin ningún tipo de lógica y a algunos individuos les empieza a invadir una extraña sensación de miedo y desasosiego... Experiencias que han experimentado conocidos míos en primera persona estando yo presente. Pero esta fenomenología, con o sin explicación lógica, se merece ser tratada más detalladamente en otro artículo, ya que  hoy quiero hablaros de cómo la niebla dio un halo de maldición y misterio a la Mussara y de cómo me empecé a interesar  por ello.

  Si me remonto a mi niñez y hago un ejercicio de memoria, mis primeros recuerdos de la Mussara están ligados a sucesos extraños y misteriosos. En concreto, el primer recuerdo es el de una extraña desaparición ocurrida en el año 1.991. He leído mucho sobre extrañas desapariciones en la Mussara pero, la verdad, en casi todos estos raros acontecimientos las informaciones no tienen una fuente de referencia  que sea creíble. No existen ni nombres, ni lugares, ni fechas, ni documentos oficiales que los certifiquen. Pero la extraña desaparición a los que están ligados mis primeros recuerdos es un caso diferente. En primer lugar porque hay muchos documentos, tanto de las fuerzas de seguridad como de la prensa, donde quedó reflejado, en su día, el triste suceso. Y en segundo lugar,  porque el desaparecido era de la zona donde yo vivía y recuerdo perfectamente como en aquellos meses, algunos conocidos míos, comentaban la extraña desaparición. Durante algún tiempo se formaron batidas de búsqueda que subían al viejo pueblo abandonado para tratar de encontrar alguna pista, y se especuló,  bastante, sobre lo qué había ocurrido aquel fatídico día en el que se produjo la misteriosa desaparición. Éstas son cosas que dejan gran impresión  en un niño pequeño.


  Mi segundo recuerdo de la Mussara se remonta a unos años después de la anterior remembranza, específicamente a finales de los años 90 del pasado siglo. Recuerdo que en aquel tiempo empezaron a funcionar las televisiones locales de Tarragona y de Reus. En estos canales, durante algunos meses, se estuvieron emitiendo la reposición de un programa donde hablaban de los extraños fenómenos paranormales que ocurrían en la Mussara.  Especialmente me dejaron huella tres casos donde se mencionaban la existencia de puertas dimensionales, avistamientos de OVNIS y la presencia de pequeños duendes.


  El tercer recuerdo se remonta también a finales de los 90. Aquella fue la primera vez que estuve presente  por la zona de la Mussara, aunque creo no haber estado en el núcleo del pueblo. Fue precisamente un domingo en el que la niebla hizo acto de presencia por las montañas. Aquel día, mis padres y yo, fuimos de excursión por los pueblecitos de la Sierra de Prades  junto a unos amigos de mis padres, y me acuerdo perfectamente como estos amigos comentaban las extrañas historias que existían sobre la zona.  Principalmente,  recuerdo que una de las que más me impresionó hablaba de la existencia de una secta satánica que frecuentaba la zona para realizar extraños ritos. 


  Por lo tanto mis primeros recuerdos sobre este fascinante pueblo abandonado de la montaña están ligados, como en la mayoría de personas, a historias misteriosas y leyendas fantásticas. No fue hasta los dieciocho/veinte años cuando empezaron mis incursiones en la Mussara. Al principio, iba intrigado por todas las misteriosas historias que conocía y había escuchado desde niño. La primera vez que subí, y estuve en el pueblo, iba con algo de nerviosismo y temor por todas las leyendas que conocía, pero una vez allí, cuando contemplé aquel maravilloso paisaje de ruinas y naturaleza, empecé a alejarme de los aspectos paranormales del lugar y comencé a sentirme atraído a indagar más sobre la historia real del pueblo. A todo ésto también contribuyó, en gran manera, una leyenda que me contaron una de aquellas primeras veces que ascendí a la Mussara. Una de esas leyendas que van pasando de persona en persona a lo largo del tiempo y que, aunque está basada en un hecho real que años después descubrí, el paso de los años y la aportación imaginaria de cada persona que la va contando hace que lo surgido como una historia verídica vaya degenerando a una cuento totalmente fantasioso y aterrador.

  La leyenda que a mí me contaron narraba que “durante una guerra que tuvo lugar en el siglo XIX, un soldado de uno de los bandos fue capturado en las cercanías de la Mussara por soldados del otro bando.  El infortunado prisionero fue trasladado al pueblo más próximo, que no era otro que el de la Mussara. Allí, en la pequeña aldea de lo alto de las montañas, los captores decidieron ejecutar al rehén. El condenado a muerte, maniatado, fue situado en frente de la tapia del viejo cementerio mientras los ejecutores preparaban sus armas para formar el pelotón de fusilamiento. Pero ya se sabe que en la Mussara el tiempo es muy caprichoso y un día que es totalmente soleado en cuestión de minutos, y por los antojos de la climatología, se puede volver oscuro y con una densa niebla. Y eso fue lo que sucedió, mientras los soldados estaban realizando los preparativos de la ejecución la densa niebla cayó, sin aviso alguno, sobre la pequeña villa de las montañas. La leyenda cuenta que, cuando los soldados se disponían  a tomar la posición de disparo fusil en mano, una mujer anciana, que en el pueblo se rumoreaba que practicaba la brujería, sin ver por culpa de la niebla que allí había un prisionero y un pelotón de ejecución, se cruzó entre ambos con tan mala fortuna que lo hizo justo en el momento en el que el pelotón de ejecución disparaba al ‘bulto’ a través de la niebla. La mortal descarga de disparos se escuchó de una forma atronadora por todo el pueblo y cayó sobre  el prisionero y la anciana, que mientras agonizaba echó una maldición a los soldados y a la niebla. Desde entonces, explica la leyenda, cuando cae la niebla sobre la Mussara, debido a la maldición de aquella anciana que practicaba la brujería, ocurren toda clase de sucesos paranormales y se pueden ver y escuchar cosas extrañas.

  Cuando llegó a mis oídos esta historia quedé totalmente fascinado por los acontecimientos que narraba. En ese momento decidí  empezar a indagar más sobre los sucesos de dicha leyenda. Por suerte, a lo largo de los años, ha habido gente que ha hecho una gran labor y ha dedicado un gran esfuerzo para dejar constancia de la historia real del pueblo, y así fue como pude asociar esta leyenda, degenerada a un acontecimiento totalmente fantástico,  a un suceso real acontecido durante la Tercera Guerra Carlista. Un suceso en el que sí hubo un ‘extraño’ pelotón de fusilamiento formado por soldados del bando liberal. Un suceso en el que el soldado capturado no existió como tal, ni era un simple soldado ni fue capturado por los enemigos. Se trataba, ni más ni menos, del carismático cabecilla Carlista el Coronel Isidre Pàmies i Borràs, alias El Cercós.  Y un suceso en el que la anciana practicante de brujería y ejecutada por accidente, que hizo caer sobre la Mussara y su niebla una maldición, ni era bruja ni estaba viva. Se trataba de una pobre mujer de avanzada edad  que llevaba ya algún tiempo fallecida y enterrada en el cementerio de la población. Esta historia, una de las tantas leyendas que a lo largo del tiempo ha dado fama de maldita a la población de la Mussara y a su niebla, está basada en los sucesos de, por llamarlo de alguna manera, la ‘última aventura’ del coronel Cercòs, uno de los guerrilleros carlistas más famosos de las montañas y posiblemente de la provincia de Tarragona. Pero eso ya es otra historia.