sábado, 22 de diciembre de 2018

La Mussara un pueblo maldito: La maldición de la niebla (Parte II).



La niebla de la Mussara, los antiguos habitantes de la Mussara estaban más que acostumbrados a convivir con este fenómeno meteorológico. Un fenómeno que, de la nada, hacía aparición en cualquier día claro y soleado. Pero, a las personas no acostumbradas a la repentina niebla de la Mussara les puede sorprender como un día claro y soleado se convierte en un día gris y oscuro.

Muchos son los relatos y testimonios que narran que la niebla de la Mussara tiene algo entre mágico y siniestro. Investigando un poco por internet no es difícil encontrar algunos de estos relatos o testimonios.

Narraciones fascinantes que atribuyen a la niebla un halo de misterio paranormal.  No son pocas las personas que afirman haber experimentado extraños y misteriosos sucesos durante la aparición de la niebla que envuelve a la Mussara. Hay quien afirma haber escuchado extraños sonidos provenientes de las entrañas de la niebla. Desde extraños gruñidos a desgarradores gritos de personas, pasando por todo tipo de lamentos.  Otras personas afirman haber visto pasear a través de la niebla extrañas figuras fantasmagóricas, siluetas que parecían desplazarse flotando por la densa niebla. A la visión de dichas figuras fantasmagóricas se suman las visiones de extrañas esferas luminosas que atraviesan a toda velocidad las ruinas del viejo pueblo abandonado. 


Personas que afirman que mientras paseaban por entre la niebla, de repente, empezaban a sentir un enorme sentimiento de tristeza y ansiedad, y la imperiosa necesidad de salir de allí inmediatamente.  Otros dicen haber experimentado la sensación como si por unas horas se hubieran trasladado a otro lugar, como si todo lo que les rodeaba: el estanque, la iglesia, las ruinas de las antiguas casas… hubieran cambiado de orden y estructura, como si se hubieran transportado a una Mussara de otra dimensión. Precisamente,  muchos son los testimonios que narran que es como si la niebla transformará el espacio-tiempo de la Mussara.

Una niebla que los soldados del antiguo campamento militar de Los Castillejos, situado a pocos quilómetros del núcleo del pueblo, conocían como ‘La Josefina’. Ya que era famosa por sus repentinas apariciones durante los días de verano.
Y, justamente, haciendo memoria sobre la niebla, sus extrañas modificaciones del espacio-tiempo y el antiguo campamento militar de los Castillejos, recuerdo que hace años, a finales de los 90, leí en alguna de esas revistas que tratan sobre la parapsicología el testimonio de un señor que había estado realizando las milicias universitarias en el antiguo campamento militar. 

A los Castillejos, durante los veranos de mediados de la década de los 50 hasta mediados de la década de los 70 del pasado siglo, acudían universitarios para cumplir con sus obligaciones militares. Algunos de ellos, los pocos más afortunados y pudientes, llegaban al campamento con su propio coche.

El testimonio de este antiguo militar universitario relataba que uno de esos veranos, a finales de los 60, durante uno de esos días que no tenía ninguna obligación en el campamento hasta por la tarde, decidió recorrer los pocos kilómetros que separaban el campamento del pueblo para visitarlo. Aquél antiguo cadete del campamento de Los Castillejos recordaba que, cuando salió del campamento, era una soleada mañana de verano. En pocos minutos recorrió los escasos kilómetros de camino y aparcó su coche justo delante de la vieja, y ya abandonada, iglesia del pueblo. Se bajó de su vehículo y procedió a dar un paseo por las inmediaciones del pueblo, un paseo que tenía planeado que no se alargara más de un par de horas como mucho.

Inició el recorrido por el núcleo de casas que rodean el estanque de la Mussara y después enfiló sus pasos hacia ‘el Xalet de les Airasses’, la parte más alta del pueblo y la que ofrece las mejores vistas de todo el ‘Camp de Tarragona’. Estando allí arriba pudo observar como la vieja ‘Josefina’ había decidido hacer acto de presencia y se aproximaba desde el interior de las montañas hacia el pueblo. El hombre, antes de marcharse y regresar al campamento, se dispuso a bajar hasta el otro núcleo de casas que tiene el pueblo y que está un poco más alejado del estanque y la iglesia. 

Caminando entre esas casas la niebla cayó definitivamente sobre él y el pueblo. Una niebla, que los que la conocéis ya sabéis que, en ocasiones, puede ser realmente espesa y no deja ni dos metros de visibilidad. 

Fue en ese momento, caminando entre la espesa niebla que daba una imagen totalmente fantasmagórica de lo poco que alcanzaba a ver su campo de visión, cuando el improvisado excursionista comenzó a sentirse extraño. Empezó a notar una sensación de como si alguien le observara y a escuchar extraños sonidos que no tenían nada que ver con los que se escuchaban, hasta hacía unos instantes, cuando aún la niebla no había hecho acto de presencia. En ese instante se dio cuenta que se sentía un poco desorientado, no tenía muy claro como recorrer los pocos centenares de metros que separaban su localización de la del  coche que había dejado aparcado delante de la iglesia. Era como si le hubieran cambiado las cosas de sitio, como si por momentos se hubiera transportado a un lugar totalmente diferente al sitio en el que se encontraba hace unos minutos. Es señor, militar acostumbrado a realizar maniobras nocturnas de orientación en esas mismas montañas, atribuyó su desorientación a la poca visibilidad que le ofrecía la niebla y, como pudo, consiguió volver a orientarse y caminar hasta llegar de nuevo a su coche. Se subió, arrancó  el vehículo y, poco a poco, ya que la ‘Josefina’ era intensa y no dejaba ver apenas la carretera, se dirigió de nuevo hasta el campamento. 

Su sorpresa fue mayúscula cuando al llegar al campamento, el tiempo transcurrido que él pensaba que habían sido algo menos de un par de horas, se había convertido en un espacio de tiempo de  más de ocho horas. Ocho horas que no sabía cómo justificar, ya que él estaba totalmente convencido de que sólo habían pasado un par de horas.
Y es que,  este es otro de los famosos misterios y leyendas de la Mussara: la supuesta puerta a otras dimensiones que dicen que hay situada en las inmediaciones del antiguo pueblo abandonado. Pero eso… ya es otra historia. ;)

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Robellones/níscalos, un plato típico de la Mussara.




Los últimos de la temporada. Robellones/níscalos, un plato típico de la Mussara.

Hoy en día un manjar en nuestras mesas urbanas de ciudad. Hace años, uno de los alimentos de temporada, básicos, en las mesas de los habitantes de la Mussara.  La forma más básica de cocinarlos: a la brasa, en las chimeneas que servían para mantener caliente la estancia principal de la casa. Los que tenían más suerte, los salteaban con un poco de aceite (como hoy en día, oro líquido), seguramente, traído del cercano pueblo de Siurana, un poco de  ajo y perejil.

Hoy en día, los pagamos a precio de lujo en cualquier supermercado o restaurante. En el pasado, un plato más para sobrevivir en un pueblo aislado de las montañas.




martes, 4 de diciembre de 2018

La leyenda del misterioso hombre de la aliaga encendida.



Ya hace muchas décadas que en el viejo pueblo de la Mussara, sus habitantes, no se reúnen al lado del pequeño estanque para contar sus anécdotas, vivencias, recuerdos… Pero hace muchos años, cuando el pequeño pueblo hoy abandonado estaba lleno de vida, las personas más ancianas se encargaban de transmitir, de forma oral, a las personas más jóvenes las leyendas del pasado de la aldea.

  
Es así como, con ciertas dificultades por la despoblación del municipio, llegó hasta nuestros días una leyenda que muestra uno de los acontecimientos más extraños sucedidos en la Mussara. Uno de esos sucesos de los que sí quedaron registro, ya sea de forma oral, por sus propios habitantes.



Dicha leyenda narra que hace ya más de un siglo, incluso dos, cuando los lobos todavía rondaban por las montañas de la Mussara, una gélida mañana de invierno la hija mayor de ‘Ca l’Agostenc’, como cada día, sacaba a pastar a las ovejas y corderos del rebaño de la familia. Para buscar buen pasto de hierba la chica tenía que alejarse un poco del pueblo, adentrarse por el bosque y pasar unas horas sola hasta que las ovejas se hubieran alimentado, momento en el que volvía a dirigir el rebaño hasta el pueblo para encerrarlo en el corral de su casa.


Todo este trabajo era realizado sin ningún perro pastor que ayudara a la chica en el cometido de su misión. Aquella mañana la joven decidió dirigirse hacia el ‘Coll de les Pinedes’ (situado al lado de la carretera que lleva hacia el, también abandonado, campamento de Los Castillejos). La chica, abrigada con las prendas de abrigo y harapos que le servían para resguardarse de aquel frío matinal de invierno, caminaba lentamente junto a su rebaño cuando, de repente, un escalofrió le recorrió todo el cuerpo. 



En un movimiento fugaz y milimétricamente estudiado,  de detrás de  un arbusto salió un lobo que se lanzó al ataque de un joven cordero. La chica, más bien movida por su inconsciencia que por su valentía, hizo ademán de ir a proteger al cordero y con aspavientos intentó hacer huir al lobo, pero el feroz animal, en vez de huir, dirigió su ataque hacia la joven. Con un rápido salto se abalanzó sobre la muchacha y le propinó un primer mordisco en su hombro que la hizo derrumbarse de dolor sobre el suelo. La chica tirada en el frío suelo del bosque, agazapada e inmovilizada por el miedo, se había resignado ya al trágico final que le deparaba el destino y cerró los ojos para esperar la mortal dentellada del lobo. 



Pero de pronto, en vez de notar otra dolorosa mordedura en su cuerpo, escuchó como a unos metros de ella alguien emitió una serie de ruidos y gritos. En esta ocasión el lobo, en vez de volver a atacar, dejó a su presa y salió huyendo. La chica al abrir los ojos observó a un viejecito con una antorcha, fabricada de aliaga, encendida. El anciano se acercó a ella y la ayudó a incorporarse, acto seguido de su morral sacó un frasquito con un aceito y le indicó a la muchacha que se lo untara en la herida que le había provocado el lobo. Antes de que la chica tuviera tiempo de incorporarse y dar las gracias a su salvador vio como el viejecito emprendía su camino y se perdía por el bosque en dirección al ‘Mas dels Frares’. La chica hizo el intento de llamarle para que se detuviera pero, fue en vano, el viejecito desapareció entre los árboles.




La joven pastorcilla allí mismo se hizo la primera cura con el aceite que el viejecito le había dado, como pudo  reunió al asustado rebaño de ovejas (que permanecían esparcidas por los alrededores con el susto del ataque) y renqueante y dolorida emprendió el camino de regreso al pueblo. A su llegada, poco a poco, todos los vecinos se fueron enterando de lo acontecido a la pubilla de ‘Ca l’Agostenc’ en el bosque cercano al pueblo. La familia de la chica y los mismos vecinos del la Mussara estuvieron tratando de averiguar quién había sido aquel desconocido anciano que había salvado la vida de la chica. Durante semanas estuvieron preguntando por las masías de los alrededores, incluso preguntaron  en los pueblos de la Febró, l’Albiol, l’Arboli Vilpalana y Montral, pero nadie supo dar razón de quién pudiera ser aquel viejecito. Con el paso de las semanas, y la ayuda de aquel misterioso aceite del anciano, la herida de la muchacha fue mejorando y a principios de la primavera la pastorcilla ya estaba lista para volver a salir con el rebaño.



Del viejecito nunca más se supo, ¿Quién sería aquél hombre que se enfrentó a un lobo para salvar a una joven, y ni tan siquiera quiso acompañarla a su casa para que sus familiares se lo agradecieran o, incluso, se lo recompensaran? Con el paso del tiempo algunos habitantes del pueblo empezaron a pensar que lo que se produzco aquel día, en aquel bosquecito de la Mussara, fue un auténtico milagro y el mismísimo Dios fue el que hizo aparición para salvar a la chica. Sea como fuere esa historia se convirtió en un suceso misterioso del pasado del pueblo. Un suceso que con el paso de los años pasó a ser una leyenda que fue transmitida, oralmente, de generación en generación entre los habitantes de la Mussara, y que ahora, que ya no queda nadie allí arriba que la pueda contar, somos los enamorados de aquel maravilloso pueblecito los encargados de transmitirla a las futuras generaciones para que no caiga en el olvido.


martes, 27 de septiembre de 2016



La comunidad de la Mussara: Historias de un puebloabandonado (Facebook).

 

 Siempre se ha especulado, mucho, sobre los motivos que provocaron que el antiguo pueblo de la Mussara quedara, finalmente, deshabitado tras su larga HISTORIA…
Programas de radio y televisión quizás lo achaquen a misteriosos sucesos paranormales y maldiciones…  Pero como ‘proyecto de geógrafo que soy’ siempre lo he tenido MUY CLARO. El definitivo ABANDONO de la Mussara, durante la primera mitad del pasado S.XX, se debió a varios motivos más ‘terrenales’:  

-  Las malas comunicaciones que el pueblo tenía con el resto de la provincia.

- La climatología adversa a la que se tenían que enfrentar sus habitantes. Inviernos totalmente fríos y duros y veranos en los que la sequia y la falta de agua eran protagonistas.

- Los robos y las extorsiones a las que eran sometidos por parte de un destacamento de la Guardia Civil (de la época franquista) y un grupo de maleantes (llamados ‘ELS PATACONS’), a las que eran sometidos a principios y mediados de los años 40 del pasado siglo.

- La imposibilidad de que lujos, como la línea telefónica; la electricidad; o el agua corriente, llegará hasta sus hogares.

- La presión de ‘LO MILIONARI (EL MILLONARIO)’, un ricachón de Reus que se dedicó a comprar muchas de las casas y terrenos de los pocos habitantes, que todavía RESISTIAN en la Mussara, con la idea de crear un complejo de chalets residenciales en la Mussara (els Motllats son un claro ejemplo de lo que intentó hacer y nunca consiguió…).

- Y por último, las grandes comodidades que los últimos habitantes de la Mussara encontraban cuando bajaban de su idílico pueblo a poblaciones y ciudades como Reus, Valls, Tarragona, Vilaplana, la Selva del Camp…. Poblaciones en las que las comodidades del S.XX ya habían comenzado a llegar mientras que en la vieja Mussara eran impensables…

Miembros de la comunidad, ya nos ponemos EN MARCHA!!!! Pronto todas estas ‘HISTORIAS’, y otras muchas,  en la Mussara, HISTORIAS DE UN PUEBLO ABANDONADO. ;)