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lunes, 3 de junio de 2019

Un habitante de La Mussara con un visitante excursionista.


Un habitante de La Mussara  con un visitante excursionista. Allá por la década de los 20 del pasado siglo XX.
  







A día de hoy el pueblo de La Mussara (y su historia) ejerce una gran fascinación sobre muchas personas.


Esa EXTRAÑA fascinación no es ninguna novedad. Hace casi un siglo los habitantes de las faldas de la montaña, de La Mussara, ya caminaban horas y horas para subir a conocer los paisajes y la historia de La Mussara.


Considerémonos afortunados los habitantes del Camp de Tarragona, que hoy en día podemos subir (en menos de una hora) en coche y disfrutar de ese MAGNIFICO lugar.


Foto: AUTOR DESCONOCIDO. Publicada en el libro: Records de La Mussara. De Anton Agustench Bonet.

domingo, 18 de octubre de 2015

La Mussara, de vuelta a la historia.




Después de un largo descanso, de parón estival, vuelvo a la carga con nuevas historias de este pueblo tan encantador de la montaña. Durante estos meses de inactividad en la publicación de historias he seguido con mis investigaciones y la recopilación de nuevos datos sobre la historia real (y paranormal) de esta pequeña villa hoy abandonada. Pero la primera entrada de esta nueva ‘temporada’ está dedicada al primer comentario que hace un mes recibió el blog. En él se hacía referencia a diversas cuestiones, sobre algunos aspectos del pueblo, que pueden ser muy interesantes de explicar a los demás lectores que llegan a este pequeño rinconcito, de internet, buscando información sobre el antiguo pueblo de la Mussara.



Una de las preguntas era cómo se las apañaban los antiguos habitantes de la Mussara para viajar en sus desplazamientos a la ciudad y cómo eran los caminos. Pues bien, uno de los mayores problemas que acompañó durante toda su historia a los oriundos de la Mussara era la cierta incomunicación a la que estaban sometidos por el entorno geográfico en el que estaba situado el pueblo. 


Hoy en día para llegar hasta las ruinas del pueblo es necesario un buen rato de carretera llena de curvas (trayecto que a algunas personas no les gusta nada realizar, conozco a varias de ellas). Si a la necesidad de desplazarse de los habitantes de la Mussara le añadimos que en el pasado (lógicamente) no existían las carreteras asfaltadas, y únicamente disponían de algunos caminos y varios senderos a través de las montañas, estos desplazamientos se convertían en una tarea realmente complicada y penosa. Hasta aproximadamente el S.XVII la gran mayoría de desplazamientos tenían que realizarse por estrechos, y escarpados, senderos que comunicaban a los diferentes pueblos (y masías) que estaban esparcidos por las montañas. Más tarde empezaron a existir los caminos, más o menos de cierta anchura, que permitían un paso más cómodo a los carros, pero estos caminos estaban más bien dedicados a comunicar los pueblos con más habitantes y notoriedad. 


A partir del S.XVIII empezó a existir la figura del ‘peón caminero’, unas personas que se dedicaban a mantener en óptimas condiciones los tramos de camino (caminos principales y con cierta importancia) que tenían asignados a su cuidado. Estas personas vivían en los pueblos o masías cercanas a los caminos que estaban a su cargo. Como curiosidad, hay una zona de ruinas en la carretera que sube de Vilaplana a la Mussara que se denominaba ‘Las casetas de los peones’, posiblemente porque allí residían las personas encargadas de mantener en condiciones aquel camino. Hay que destacar que aquellas vías de tierra, con pronunciados desniveles de altitud, quedaban muy erosionados con cualquier lluvia de cierta intensidad que se producía a lo largo del año. La lluvia provocaba el fenómeno denominado como escorrentía, el cual arrastraba la tierra de los caminos dejándolos llenos de socavones y surcos.


Como el lector ya puede imaginar, a estas alturas del artículo, la tarea de los desplazamientos era realmente difícil. Tarea que se dificultaba mucho más si tenía que realizarse con algún tipo de carga. Cualquier desplazamiento a los pueblos más cercanos podía tardar horas en realizarse. Bajar a la ciudad era una labor que podía tardar días en ejecutarse incluyendo la ida y la vuelta. También hay que tener en cuenta (como ya se ha mencionado anteriormente) las condiciones meteorológicas de la zona. La lluvia y la niebla eran dos factores meteorológicos que sumaban más penurias y dificultades a los desplazamientos de los habitantes de las montañas. De hecho, uno de los posibles orígenes de la Mussara es precisamente el de un pequeño campamento árabe que se levantó para que se refugiaran durante los días de lluvia, niebla, nieve… los jinetes y soldados del Califato de Xibrana  que se desplazaban a la zona de la Mussara (desde Siurana) para entrenarse y que al ser sorprendidos por el mal tiempo no podían regresar a Siurana.


Los días en los que la nieve hacía acto de presencia en la montaña los habitantes de la Mussara sólo tenían una opción: encerrarse en sus casas, al calor de las chimeneas, y esperar varios días hasta que la nieve desapareciera al menos en parte. Se dieron casos de estar incomunicados varias semanas seguidas con los problemas de abastecimiento que esto les suponía. 
Hay una anécdota en el libro de Ramon Amigó Anglès “La Mussara un vell afecte.” que relata muy bien lo complicado que era desplazarse por el término municipal de la Mussara. En la anécdota se relata que en alguna de las épocas en las que la Mussara contó con algún maestro o maestra, que impartía clases en la casa de la villa, algunos de los niños que vivían en las casas o masías que estaban esparcidas por el término municipal podían tardar dos o tres horas en llegar hasta el núcleo principal del pueblo, a lo que había que sumar las dos o tres horas que luego tardaban en volver a realizar el camino a su casa por aquellos sinuosos senderos de montaña. 



Otra de las preguntas del comentario giraba en torno a cómo era  de grande el pueblo. Cuando hacemos referencia a la extensión de la superficie del pueblo hay que diferenciar entre dos conceptos: el núcleo principal del pueblo y el territorio total que abarcaba el término municipal de la Mussara. 


El núcleo principal del pueblo, es decir, la zona donde se encontraban un mayor número de casas concentradas (el que todo el mundo suele visitar hoy en día) no era muy grande. Aunque hay personas que creen que sólo está compuesto por las ruinas de la iglesia y las casas que están enfrente de la balsa, en realidad, en el núcleo principal del pueblo existían tres zonas diferenciadas: la zona de las ruinas que se encuentran más próximas al estanque (la más famosa). Otra zona con una agrupación de varias casas que está en la parte más alta del pueblo. Y, por último, la zona entre los dos focos de casas agrupadas en la que se encontraba varias casas aisladas entre sí pero situadas también en el interior del núcleo principal de la población.


Sin embargo, si hablamos de la extensión de la superficie del término municipal nos encontramos ante un territorio bastante grande. Una zona montañosa en la que estaban esparcidas un gran número de casas y masías. Los habitantes de estas casas eran, sin duda, los que vivían más aislados del mundo. Podían estar días sin ver a personas ajenas a las que vivían en sus casas. 



En próximos artículos se tratará de una forma más pormenorizada las diferentes zonas que componían el pueblo y la totalidad del término municipal. Pero eso ya es otra historia! ;)

Un gran abrazo a todos l@s curios@s que llegan hasta aquí buscando información sobre la historia de ese bonito pueblo abandonado en la montaña llamado la Mussara. Un lugar que en su día tuvo mucha vida y que a día de hoy tiene muchas historias que contar. Próximamente más! ;)

sábado, 7 de marzo de 2015

Un pueblo con vida (La Mussara en el S. XIX. Parte II).



 
Continuando con el análisis de la descripción que Pascual Madoz hizo de la vida en la Mussara a mediados del S.XIX, podemos seguir observando e imaginando más detalles de cómo era el día a día de los habitantes del pueblo.

En el texto (anterior entrada) el autor también hace referencia a la producción agrícola que tenía la Mussara. Cabe destacar que, seguramente, los pocos terrenos que podían servir para la siembra de semillas estarían dedicados a varios tipos de cultivos diferentes, aptos para las condiciones climatológicas que allí se daban. Pero como más destacados, Pascual Madoz, hace referencia a los cultivos de patata y de trigo. Tanto el trigo como la patata son dos cultivos que se pueden desarrollar en un terreno de secano, si bien es cierto que las patatas, para que den una buena producción, es preferible que tengan bastante humedad.  
   También hay que tener en cuenta que los habitantes del municipio contarían con diversos huertos para abastecerse de otro tipo de frutas, frutos  y hortalizas, sobretodo destinados al consumo propio de las familias que los labraban. Los excedentes de trigo, patatas y algún otro cereal, hortaliza y  fruto (que no nombra en su texto Pascual Madoz), que  por importancia y extensión del cultivo eran mayores y por tanto de más producción, sumados a los escasos, o incluso a veces nulos, excedentes que el pueblo producía de otro tipo de frutos y hortalizas, en sembrados más pequeños o huertos familiares, eran llevados a otros pueblos y a las ciudades (Reus y posiblemente Tarragona) para comerciar y ganar algún dinero o hacer un trueque por otras cosas que hicieran falta en el pueblo. 
   La misma situación se debía dar con la cría de ganado. En la Mussara se criaban pequeños rebaños de ovejas y cabras, algunos cerdos y alguna vaca, que seguramente estaban destinados casi en su totalidad al abastecimiento de las familias que los criaban y, en menor medida, al comercio con otros pueblos.  De todas maneras, la economía y la subsistencia del pueblo, es un tema que merece ser tratado más detalladamente en otro artículo.



Otro de los aspectos que nos deja ver la descripción del ‘Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar’ de aquella Mussara, de mediados del S.XIX, es la mala comunicación que tenía el pueblo con su entorno. El autor nos habla de caminos vecinales y en mal estado. Situación que hacía que cualquier desplazamiento para llegar o marcharse del pueblo fuera realmente de gran durada y dificultad. Por poner un ejemplo, los desplazamientos a Reus duraban días enteros.  Otra muestra de esa mala comunicación con el resto del ‘mundo’ era el servicio de correos, que en la Mussara era nulo. Las cartas destinadas a los habitantes de la Mussara eran recibidas en el pueblo de l’Aleixar, y cuando algún vecino pasaba por dicho pueblo era el encargado de recogerlas y subirlas hasta el pueblo de la Mussara.

 


Pero pese a todas las dificultades que tenían aquellos habitantes de arriba de la montaña, la Mussara, hasta bien entrado el S.XX, fue un pueblo lleno de vida. Hoy en día mucha gente que llega a ese paraje (y lo sé porque algunas veces me ha pasado cuando he llevado a amigos y conocidos al  pueblo abandonado) asocia las ruinas del viejo pueblo con leyendas paranormales, extraños ritos esotéricos y toda clase de aspectos  enigmáticos y misteriosos, sin pararse a pensar que ese lugar, hasta hace relativamente pocos años, fue sencillamente otro pueblecito como otros tantos de su alrededor. Otra pequeña aldea en la que día a día vivían personas que luchaban por sobrevivir, habitantes  con sus penas y sus alegrías, sus labores, aficiones, historias, anécdotas... Un pueblecito en el que no había lugar (más allá de lo tradicional de la cultura popular de cada pueblo) para sucesos paranormales y leyendas fantasmales (como sucede en la actualidad). 
   Por eso, muchas veces, cuando subo a investigar o simplemente a pasear  con alguna persona que sencillamente relaciona el nombre de la Mussara con el misterio y lo paranormal (que también tiene su atractivo, no seré yo quien lo niegue y de hecho también habrá lugar en el blog para algunos artículos relacionados con el misterio) intento explicarle aspectos de la historia real del pueblo para que, como he intentado con éstos y futuros artículos, haga un ejercicio de imaginación y vea  el pueblo desde otra perspectiva que no sea, únicamente, la del misterio y esoterismo. Al fin y al cabo la Mussara también fue un lugar lleno de vida...


miércoles, 4 de marzo de 2015

Un pueblo con vida (La Mussara en el S. XIX. Parte I).





Hoy en día el visitante que llega a la Mussara observa a su alrededor un pueblo desolado, un lugar lleno de ruinas que ha sucumbido a los efectos del tiempo y la naturaleza. Pero si se hace un pequeño esfuerzo imaginativo, el excursionista, puede llegar a vislumbrar el pasado que ese paraje oculta entre sus ruinas.


Desde sus orígenes, allá por el S. XII, hasta su total abandono en el S. XX, la Mussara debió pasar por diferentes épocas de esplendor  y decadencia, pero hoy quiero centrarme en la que, quizás, fue su última época dorada como municipio, el S. XIX. Durante dicho siglo el término municipal contaba con un número significativo de habitantes, siendo la media de población durante el S. XIX de unos 247 habitantes (teniendo en cuenta que también entran en el computo total los vecinos de todas las masias diseminadas por el término municipal). En el siguiente gráfico se puede visualizar de una forma detallada cual fue la evolución de la cantidad de población durante ese periodo de tiempo.

 


Analizando de una manera superficial el gráfico y sin entrar a analizar, al menos en la presente publicación del blog, los detalles  de la evolución, se puede observar como el número de habitantes da un salto significativo desde el año 1.830 al año 1.835, aumentando la cantidad de vecinos en una cifra de 30 individuos.  La población, desde entonces, se mantiene estable durante aproximadamente unos diez-quince años hasta llegar al año 1.849, cuando se observa una gran disminución del número de vecinos. De los 214 individuos censados el año 1.845 se pasa a una cifra de 145 oriundos contados en el año 1.849, una disminución de 69 personas en cuatro años. Sin embargo, esta merma en el número de habitantes del pueblo se ve otra vez modificada con una espectacular subida de 178 habitantes en un tiempo de tan sólo ocho años. Si en el año 1.849 el pueblo tenía a 145 personas censadas, el año 1.857 sorprende ver como en el listado del padrón del municipio hay anotados 323 individuos.  Resultaría interesante profundizar en los posibles factores que llevaron a este baile de cifras entre los años 1.845 y 1.847. Como posible hipótesis de estudio podría existir cierta relación entre las dos primeras Guerras Carlistas (1833–1840 y 1846–1849) y los movimientos de población que se produjeron en el municipio, ya que tanto en la Mussara como en los pueblos de las montañas de la provincia de Tarragona hubo una gran actividad de acciones durante estas guerras, incluida también la Tercera Guerra Carlista (1872–1876), aunque en esta última no se observa una gran variación de residentes en el término municipal. La relación entre los conflictos bélicos de aquella época y el flujo migratorio producido en el territorio es un tema que queda pendiente de análisis.


 Pero sigamos analizando más aspectos de cómo un lugar, que hoy en día es un conjunto de encantadoras ruinas y naturaleza, hace años albergó un núcleo de población que daba vida a esa zona de la montaña que a día de hoy parece increíble que, antaño, pudiese estar habitada. Para ello me ha parecido muy ilustrativo mostrar como, en su día, describía el político Pascual Madoz (1.806 –1.870) este municipio en su gran obra ‘Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar’ publicada entre los años 1.846 y 1.850. 


 <<MUSARA:  Lugar con ayuntamiento  en la provincia y diócesis de Tarragona (5 leguas.), partido judicial de Reus (3). Audiencia territorial y capitanía general de Barcelona (47). Situada en la cima de un monte, desde el cual se descubre, en días claros y serenos, todo el campo de Tarragona y el mar hacia el Sur y por la parte del Oeste hasta los montes de Aragón. Su clima es muy frío y tan nebuloso que reinan las nieblas la mayor parte del invierno y alguna el verano; sin embargo, goza de libre ventilación y salubridad y no se conocen enfermedades endémicas. Tiene 40 casas bajas, antiguas y de pocas comodidades, una iglesia parroquial: San Salvador, servida por un cura con título de vicario y un cementerio contiguo a ella; el término confina al Norte con la Febró; al Este con l’Albiol y Montreal, todos del partido de Montblanch (Montblanc); al Sur con Vilaplana; y  Oeste  con el mismo Febró y l’Arbolí del partido de Falset. En él se comprenden 48 ó 20 casas de campo diseminadas , de las cuales son las más notables las nombradas Mas d’en Grau y d’en Abelló ; la escasez de aguas , pone en conflicto a la población en años poco lluviosos, pues que cesa a la vez el curso de una próxima fuentecita que surte al vecindario. El terreno es generalmente montuoso y calizo; aunque con alguna parte llana; casi todos sus montes forman parte de los de Prades, y en ellos se ven extensos pinares, que ocupan dos terceras partes del término y ganados de varias especies aprovechando sus pastos. Los caminos conducen a los pueblos limítrofes , y se hallan en mal estado. El correo se recibe de Aleisar (l’Aleixar) sin día fijo por los vecinos que van o vienen de Reus. Produce trigo, patatas, maderas de construcción y leñas para combustible; cría ganado lanar, cabrío y vacuno, caza de conejos, perdices, y alguna liebre. Comercio: exportación de frutos sobrantes y de ganados a los mercados de Reus, e importación de vino , aguardiente y efectos coloniales. Población 40 vecinos (casas) , 214 almas (habitantes). Capital producido 922,499 reales. Imponible 27,665 reales.>>


Como el lector puede observar en el texto anterior, el autor, Pascual Madoz, describe de una manera muy grafica como era la existencia a mediados del S. XIX en la Mussara. Este pequeño municipio de las montañas era un lugar lleno de vida. Un territorio en el que, ya desde sus orígenes, sus moradores tuvieron que aprender a lidiar con las adversas condiciones de vida que el entorno les ofrecía, tales como el clima <<Su clima es muy frío y tan nebuloso que reinan las nieblas la mayor parte del invierno y alguna el verano; sin embargo, goza de libre ventilación y salubridad…>>  o la escasez de agua << ...la escasez de aguas , pone en conflicto a la población en años poco lluviosos, pues que cesa a la vez el curso de una próxima fuentecita que surte al vecindario. >> No en vano, la escasez de agua fue, sin duda, uno de los mayores problemas que arrastró el pueblo a lo largo de toda su historia.



Continuará...